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Teatro en Quito: ‘Los imbéciles están de testigo’ hace de las palabras de Caicedo una bofetada social
La puesta en escena del Estudio de Actores resignifica el texto del autor y confronta al público con la violencia, la indiferencia y la memoria de hechos recientes en Ecuador.
Por la calle Manabí, del centro histórico de Quito, es usual ver a funcionarios públicos subir y bajar a pie o en sus autos blindados. Muchos de ellos son policías quienes, cuando no usan sus obvios uniformes, optan por un negrísimo terno con corbata azul eléctrico. Coincide que en esa misma calle se ubica un pequeño teatro, en el que se presenta una obra, en la que casualmente, dos personajes usan ese mismo terno negro con corbatas azul eléctrico; esta se llama Los imbéciles están de testigo, del autor colombiano Andrés Caicedo.
Esos sujetos, de nombre Pedro y Pablo, son algo así como un par de guacharnacos que parecen haberse peinado (pelado en realidad) para una ocasión especial. Aparecen juguetones sobre el escenario, sin ninguna misión aparente más que aparearse, o negar el deseo de la juventud, con la ironía de serlo y no saber apreciarlo. O mejor dicho, aprovechan la plasticidad que les dota su edad para mirar al mundo con ojos críticos, pero a la vez castos.
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¿Habrá sido esa cualidad la que llevó a Caicedo a escribir esta obra de teatro? El texto se produjo en su adolescencia, entre 1966 y 1967. Los expertos lo catalogaron como una "farsa realista", un diálogo entre dos "bobos" e "inútiles" que no se deciden qué hacer esta noche, si divertirse o la revolución, con el público como testigo.
Las reseñas de internet destacan la inacción de este par, pero lo interesante de la propuesta de los actores, Juan Sebastián Ruales (Pablo) y Felipe Andrés Cucalón (Pedro) es que trasladan esa falta de propósito hacia la gente que los escucha.
Y como dato adicional, para nada menor, el escritor caleño se quitó la vida el 4 de marzo de 1977, poco después de cumplir 25 años, creía que vivir más allá de esa edad "era una insensatez".
La propuesta del Estudio de Actores apunta con el dedo a la gente y les recuerda que existe Esmeraldas, Palestina, las manifestaciones, los 4 de las Malvinas
"La gente se olvida de las cosas de un día para el otro. No importa que se mueran cuatro niños afrodescendientes en una noche, a la gente no le importa e intenta hacer todo lo posible para no creerlo, se compra la idea de que no ocurrió y cree que no ocurrió", sentencia Ruales al hablar sobre lo que lo movió a realizar este montaje.
Puede decirse que hubo magia en esta puesta en escena porque, debido a la casualidad como con la que comienza esta nota, coincidió que los dos actores leyeron, cada uno por su parte, la obra de Caicedo y ambos llegaron a proponérsela mutuamente.
Surgió primero como un ejercicio de las clases de actuación del Estudio de Actores. Juan Sebastián, siendo ya maestro, decidió refrescarse en el lenguaje actoral, mientras que Felipe era alumno de último nivel.
Sobre la experiencia, el primero recuerda sus dificultades: "Me di cuenta de que yo me estaba haciendo el loco de algo muy importante, que era el sudor de Felipe. Pensaba – soy actor ¿qué me va a importar? – Pero sí importa. Importa todo. Allí encontré la desgracia, el dolor, la lealtad, el amor, Esmeraldas, Palestina". Entonces Ruales pensó que esta obra debía presentarse.
La visión del director
León Sierra Páez es el director general del espectáculo y como maestro, más que un mensaje o mandatos a sus estudiantes, vio que el resultado de esta obra caería por el peso de la voluntad de dos cuerpos para hacer teatro, no solo del que entretiene, sino del que dialoga con su público (más que diálogo, una cachetada).
"Entraron enamorados del texto (…) vi ese deseo puesto en el cuerpo, estaba muy vibrante y había que aprovechar esa ola. Ese cuerpo impregnado de deseo es un cuerpo que desdibuja el discurso y lo resignifica", manifiesta Sierra.
Uniformados de negro y con corbata azul, ellos ya saben a lo que van, Se toman en serio el payaseo, al mismo tiempo se muestran amigables y chistosos. Rompen la cuarta pared a diestra y siniestra, aunque ni tan de lado, lo hacen de frente y sin el menor pudor. Amenazan con burlarse de ellos mismos, pero en realidad, los actores en personaje, nos han citado para reírse de nosotros y echarnos en cara unas cuantas verdades.
Se colocan en el ingreso del teatro, con granada y pistola de plástico en mano, que al principio divierte a los presentes con el absurdo. Pero poco a poco, como si de madurar se tratara, la acción cobra vida junto a las palabras de Caicedo. De pronto el miedo y la indignación nos tienen sitiados, estas paredes negras y las sillas plásticas se convierten en una celda, un secuestro de la conciencia.
Actores resignifican el texto de Caicedo
"Pienso que muchas personas nos hacemos los imbéciles a veces y una gran parte de nuestra vida nos pasamos diciendo que todo está bien", me dice Juan Sebastián después de la función. Dos bobos a veces dan más miedo cuando reflexionan sobre la vida, que estrellarnos contra la realidad a la que tapamos con un dedo.
Aunque sus armas sean falsas, algo dejó de divertir al público, porque de pronto los chistes ya no dan risa ni suenan a juego, son análisis sociológicos. El show de este par de memos dejó de ser conversa casual sobre nenas y juerga … ahora sabe a burla y tragedia,
"La causa está perdida", dice Pablo. La gente en las sillas enmudece, ya no ríen, se preguntan -¡cuál causa?-. "Nos vamos a burlar de estos imbéciles usando lo que ellos usan todos los días", dice Juan Sebastián sobre la decisión del vestuario.
La obra culmina con un collage de imágenes proyectadas al fondo del teatro, que aunque las hemos visto en los "noticieros de confianza" de TikTok e Instagram, en este espacio cobran un sentido más profundo que invita a lloriquear. Desde un muñeco de cartón que se usó como propaganda política, hasta el secuestro de cuatro menores en Guayaquil a manos de militares, eso es lo que se ve.
Esa decisión de montaje la tomó Sierra: "esto sería genial contextualizarlo en "ahora" ¿qué nos está pasando ahora? Nos está pasando todo eso: la violencia. El texto habla de la violencia y del amor, de ellos dos", resalta el director.
La obra se presenta en el Estudio de Actores
El Estudio de Actores en Quito es una escuela de actuación que intenta entrar en el discurso de la pedagogía teatral, es decir, enseñar a actuar. Se ubica en las calles Benalcázar y Manabí del casco colonial.
Los imbéciles están de testigo estará en cartelera hasta finales de mayo. Las funciones son los viernes y sábados a las 19:30 y los domingos a las 18:00. Las entradas se pueden reservar y adquirir al número 098 751 5984.
…Y de las opiniones sobre la obra:
"Me gustó mucho. El miedo a mí me hizo crear mucha conciencia de que en serio somos unos imbéciles viendo lo que está pasando en el mundo y no ponemos un granito de arena para intentar cambiar algo, no todo porque es imposible, pero hacer algo mejor". Michelle Quezada.
"Me gustó el mensaje, más que todo el intentar abrir los ojos un poco o que todo el mundo tratamos de hacer eso día a día, sin embargo el sistema no nos deja en realidad". Daniel Hidalgo.
(I)
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