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Ecuador

La quema del "Año Viejo" nació hace 126 años en Guayaquil por la amenaza de una fiebre amarilla, según datos históricos

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Los ecuatorianos quemamos monigotes para ahuyentar a los malos augurios y anhelar con ello un año nuevo de prosperidad y salud. Según informa la agencia de noticias EFE, esta tradición se remonta a la amenaza de una fiebre amarilla en Guayaquil en 1895. Cincuenta años antes esta enfermedad casi destruye la ciudad.

En aquel entonces, como medida de protección sanitaria, las autoridades recomendaron entonces confeccionar ramadas y monigotes de paja con los vestidos de los parientes que habían fallecido, colocarlos en la vía pública el último día del año y a las cero horas quemarlos a fin de ahuyentar la peste, según información del Ministerio de Turismo.

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Con el pasar del tiempo esta tradición se ha ido modificando en todo el país hasta convertirse hoy en una fiesta de gran humor, algarabía y picardía que ha trascendido fronteras con la esperanza de dejar atrás todo lo malo para iniciar un nuevo año lleno de ilusiones.

Es así que desde hace 126 años, según la costumbre, cada 31 de diciembre se coloque al "Año Viejo" (el monigote) en un lugar visible, de ser posible en los exteriores de las viviendas para que todos lo puedan apreciar. "Conforme pasan las horas, familiares y amigos se van reuniendo en torno a la figura de cartón o papel, a la que le suelen colocar mensajes, para prenderles fuego antes de la medianoche", relata EFE.

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Muchos de los monigotes representan alguna anécdota familiar o algún hecho relevante ocurrido durante el año en el país o en el mundo, pero hay también quienes reproducen cuadros de famosos y elaboran verdaderas obras de arte en cartón coloreado con pintura.

Los "Año Viejo", una tradición que evolucionó

Ahora es posible ver monigotes gigantes y de toda temática. Como el año pasado, el coronavirus vuelve a la escena popular y será uno de los protagonistas la noche del 31, así como Venom, el villano de Marvel, o los personajes de la serie "El juego del calamar".

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Los más politizados se centrarán en figuras como el presidente Guillermo Lasso o incluso el exalcalde de Quito, Jorge Yunda.

Luis Chiluisa, vendedor de monigotes, aseguró a Efe que este año el coronavirus sigue estando tan cotizado como el año anterior: "Es como una forma de decir que se acabe el virus y todo el daño que nos ha causado".

No se podrá quemar años viejos en espacios públicos por medidas de bioseguridad

Aunque parezca irónico, hoy, 126 años después de nacida la tradición son las mismas autoridades las que prohíben quemar los monigotes en espacios públicos, especialmente en reuniones masivas y bailes populares.  Juan Zapata, presidente del Comité de Operaciones de Emergencia (COE) nacional, aclaró que se puede cumplir con la tradición siempre y cuando sea en el núcleo familiar y frente a las viviendas, sin aglomeraciones, lo que ha generado las protestas de los comerciantes.

Como el año pasado, el coronavirus vuelve a la escena popular y será uno de los protagonistas la noche del 31. Foto: API.

Además, debido al aumento de casos de covid-19 en Ecuador, el COE Nacional decidió reducir aforos de cara a la fiesta, así como prohibir la quema de monigotes en reuniones masivas o bailes populares. "Las autoridades parece que dicen por decir las cosas y no piensan en el daño que hacen" a los comerciantes, denunció Elsa Chalá, que vende monigotes y caretas desde hace más de diez años. Y es que, debido a las restricciones, los comerciantes aseguran que han tenido que bajar a última hora la producción y tamaño de monigotes, caretas y otros accesorios utilizados esa noche.

"Tenemos los viejos (monigotes) guardados todo el año porque no se alcanzó a vender, y ahora otra vez lo mismo", se quejó Chalá.

Ante las restricciones, allí han optado ahora por cobrar a los turistas por sacarse una foto con su muñeco favorito. EFE

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