La canadiense Leylah Fernández, a pesar de perder el partido por el título del Abierto de Estados Unidos, se fue de Flushing Meadows como la campeona moral indiscutible. Su desempeño en el torneo y su fortaleza mental le ganaron la admiración de los amantes del deporte en el mundo.

Por si fuera poco, la formidable tenista, hija de padre ecuatoriano y madre canadiense-filipina, dio un mensaje a Nueva York este 11 de septiembre, cuando se conmemoran 20 años del ataque a las Torres Gemelas. Los aplausos y vítores inundaron de emoción la pista central Arthur Ashe Stadium, publica la agencia Efe. Sin duda,  se ganó el corazón de los estadounidenses.

Fernández no pudo superar en la final a la británica Emma Raducanu, de 18 años, quien se lleva los 2,5 millones de dólares del premio. Efe recoge cómo sin embargo, la tenista canadiense, que obtuvo 1,2 millones de dólares, tuvo un desempeño formidable.

Ganó en la tercera ronda a la campeona del 2020, la japonesa Naomi Osaka, tercera favorita, luego a la alemana Angelique Kerber, campeona en el 2016, además de a la quinta favorita la ucraniana Elina Svitolina y a la segunda, la bielorrusa Aryna Sabalenka, todos los partidos a tres sets, dijo que la experiencia había sido única.

Leylah reiteró que el agradecimiento a los seguidores neoyorquinos sería "eterno" porque gracias a ellos siempre se mantuvo en la pelea al igual que hizo su familia, su madre y hermanas que la acompañaron.

Y, a pesar de la derrota, durante la entrega de los trofeos, los más de 23.000 aficionados se pusieron de pie en la pista central y le dedicaron más de varios minutos de una ovación permanente a la canadiense.

"Entristece perder el partido de la final, pero a la vez se que he crecido en todo los aspectos y eso es algo fundamental para mi futuro". Fernández dijo que también estaba preparada para superar la derrota porque su familia siempre le había educado en los revés y en los triunfos que te puede dar la vida y estaba preparado para ello.

La adolescente canadiense de 19 años a partir del lunes formará ya parte de las mejores del tenis femenino mundial. Definitivamente, el sentir general que se vivió en Flushing Meadows es que por primera vez en la historia del Abierto de Estados Unidos hubo de verdad dos auténticas campeonas, la que se quedó con el trofeo material y la que se llevó el moral. (D)

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