Cuando tenía cinco años, a David Aguilar le regalaron sus primeras piezas de Lego y, con ellas, un universo nuevo donde no importaba que le faltara un antebrazo. A los nueve ya se había construido una prótesis y ahora, a punto de terminar bioingeniería, sueña con trabajar para otros niños como él.

"Durante mi adolescencia seguí jugando con los Lego porque era una manera de salir de la realidad del bullying (acoso escolar)", contó a AFP desde la residencia universitaria donde vive, cerca de Barcelona, España.

David llegó al mundo sin el antebrazo derecho por culpa del síndrome de Poland, una malformación del desarrollo muscular muy infrecuente, pero que no le frenó la vida. Su historia recorre el mundo desde que hizo en hora y media una prótesis para un niño en Francia.

El poder de ayudar

Pero llegar hasta aquí no ha sido fácil. En aquellos años complicados perfeccionó la técnica que a los 17 le permitiría crear una prótesis de mayor precisión, con la que consiguió hacer sus primeras flexiones con los dos brazos. Ahora muestra orgulloso la quinta versión, la MK5, un brazo de aspecto robótico y largas piezas azules como dedos, que activa con un movimiento de muñón gracias a un sistema motorizado de poleas.

"Desde que hice la primera prótesis me di cuenta de que tenía el poder de ayudar a otra gente, y cuando me vi en el espejo con dos brazos (gracias a la prótesis) pensé que otra gente realmente sí que la necesitaría", indica.

Una prótesis para Beknur

En poco tiempo, el personaje de ‘Hand Solo’ -que había creado años atrás para su canal de YouTube, jugando con la palabra "hand" ("mano" en inglés) y Han Solo, el personaje de Star Wars-, empezó a cruzar fronteras.

Hace unos meses, Zaure Bektemissova encontró su historia en internet y decidió escribirle desde Estrasburgo (noreste de Francia), harta de negativas: a su hijo Beknur, de 8 años y nacido sin los miembros superiores, los médicos no podían hacerle una prótesis convencional, y buscaba ayuda.

David dijo que lo intentaría y, a finales de agosto, Zaure y Beknur, hijo del cónsul de Kazajistán en Francia, viajaron a Andorra para probar esta ligera prótesis acabada en un pinza, que el pequeño controla a través de una cuerda que mueve con el pie izquierdo.

David celebra el logro y dice: "Si lo he hecho por Beknur, ¿por qué no por un chico o una chica al que le falte una pierna?".

(E)

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