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Ecuador

Pesadilla latente en Alausí: A un mes de la tragedia, la zona afectada sigue siendo propensa a nuevos peligros

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ALAUSÍ /PRISILLA JÁCOME

La montaña que se desplomó en Alausí hace 31 días, dejando un saldo cruel de muertos y desaparecidos, sigue desmoronándose. Lo hacía a diario, de forma sutil y constante, mientras bomberos voluntarios y maquinistas  continuaban con la búsqueda de quienes aún están bajo las toneladas de tierra. Pero el deslizamiento dejó de ser imperceptible el pasado domingo.

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A través de un video, que circula en redes sociales, se aprecia cómo la tierra se desprende la tarde del 23 de abril de 2023, desde lo que se denomina la cabeza del deslizamiento y, como agua marrón, corre hasta la base de la zona cero. El evento, que se suscitó a las 14:23, no solo hizo que se encendieran las sirenas para alertar del hecho, sino que, además, recordase la pesadilla del mes pasado a la que la comunidad aún no se repone.

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La misma noche, tras el nuevo desprendimiento, autoridades del COE cantonal de Alausí dieron a conocer a un medio de comunicación local que la situación en la zona afectada es muy sensible y que los mantiene en alerta, sobre todo desde el pasado 10 de abril, cuando la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) cambió el nivel de alerta amarilla a alerta naranja a la zona afectada.

“Al haber un cambio de alerta amarilla a alerta naranja significa que existe un riesgo mucho más alto del que nosotros teníamos, es por eso que se ha planificado una reunión con la gente de Casual para socializar todo el riesgo que nosotros estamos corriendo”, expresó Rodrigo Rea, presidente de la mesa de coordinación y alcalde de Alausí.

Además de prometer una socialización con los habitantes de la zona en peligro, aseguró que tiene habilitado un albergue en Aypud y otro en Tixán, así como un terreno de alrededor de cuatro hectáreas a disposición en una parroquia para que, quienes así lo requieran, puedan dejar a sus animales en una zona segura. Esta propuesta solucionaría, según el funcionario, las preocupaciones expresas de los afectados sobre dejar su ganado en medio de la alerta.

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Para estas y otras inquietudes, el alcalde propone un acuerdo entre funcionarios y habitantes. “Invitamos a la gente de Casual para que de una manera comprensiva y cordial podamos conversar, dialogar y encontrar las mejores soluciones. Un diálogo sincero y responsable para llegar a acuerdos”, aseguró el burgomaestre. Rea se expresa así, con reticencia pacifista, porque los habitantes ya le han reclamado y golpeado por la falta de acción previa, la ausencia de análisis situacionales específicos y la carencia de respuestas claras para quienes podrían perderlo todo como los afectados del pasado 26 de marzo.

Estudios ponen en alerta

Las advertencias que anuncian los funcionarios del cantón no surgen solo producto del último y alarmante deslave, sino también del mismo informe emitido por el ente público que establece el peligro latente a base de estudios técnicos.

La entidad gubernamental, según su resolución No. SGR-111-2023 estipula que la modificación del estado de peligro se realizó “considerando la continuidad de las grietas, el ingreso de agua a la masa de sedimentos deslizada tanto por las lluvias, como por el colapso de infraestructura vial y sanitaria; y el carácter de evento activo con afectación inminente a la población e infraestructura”. El riesgo abarca un área de 214 hectáreas en total del sector Casual, donde hoy bomberos y rescatistas buscan a los habitantes que restan de lo que fueron los barrios La Esperanza, Control Norte, Nuevo Alausí, Pircapamba y Bua.

Con la labor que se realiza desde el puesto de mando, Freddy Oña, capitán del Cuerpo de Bomberos de Quito y quien está a cargo de las actuales operaciones al pie de la zona cero, confirma los datos técnicos de la SNGR. No lo hace de forma empírica, sino a base de las imágenes que le proporcionan drones de alta tecnología que sobrevuelan el perímetro y cuyas fotografías aéreas permiten apreciar la situación.

“En la parte superior de la cabeza del deslizamiento tenemos una filtración de agua de la que sale una vertiente desde el medio que alimenta la terraza que tenemos en la parte superior. (…) Localizamos que se está formando una laguna que está filtrando hacia los flancos y hacia el medio. Hay ojos de agua evidentes, esto está alimentando al sector y a las bases (del área afectada)”, explica el bombero quiteño.

Foto: Prisilla Jácome

El mayor problema es  justamente que la cantidad de agua que ingresa de lluvias o tuberías  se acumula y se cola en la gran masa de tierra alta, haciéndola débil y propensa a que se continúe desmayando sobre las mismas y demás casas sobre las que aún no ha caído en el polígono de riesgo. “La filtración se está generando y tenemos grietas que se están abriendo y posiblemente el deslizamiento puede ser de la misma magnitud que tuvimos al inicio”, advierte Oña con preocupación.

Tras el deslizamiento registrado el domingo pasado, el peligro que era tácito para los voluntarios que hoy trabajan en la zona cero, se volvió inminente, por ello se tomaron acciones que prevengan más cuidados para quienes trabajan rescatando cuerpos sepultados por el descomunal alud.

El capitán bomberil asegura que se ha relocalizado el puesto de comando a otro sector para proteger la integridad de todos los uniformados que se mantienen operativos; con la maquinaria ahora se trabaja realizando un terraceo (creación de terraza estable) para evitar que la tierra se desprenda y caiga sobre quienes pudiesen estar en el terreno realizando labores de búsqueda; así como simulacros diarios con la comunidad para que estén preparados ante cualquier eventualidad.

Trabajar bajo el peligro latente  

Las medidas no están puestas a debate desde la zona de mando, más aún frente al preocupante escenario hipotético que les hizo proyectar el último desprendimiento. “Aproximadamente el tiempo que duró en bajar (la tierra) fueron cinco segundos desde la parte superior, entonces esto nos da a nosotros a entender que un desprendimiento de mayor magnitud y la velocidad de desprendimiento que generaría nos daría un poco menos del tiempo, unos cuatro o tres segundos”, indica.

De estar en el área, el rango no permitiría una capacidad de reacción que vele por el bienestar de las personas. Por eso también se ha reestructurado la asignación del trabajo in situ, haciendo lo necesario para las labores de rescate. “Es por eso que nosotros en ese sector (afectado) no tenemos maquinaria, no tenemos personas trabajando. Estamos solo hacia un costado donde tenemos indicios y denuncias de personas desaparecidas en las cuales nosotros nos estamos enfocando, haciendo trabajos de manera segura y controlada”, añade Oña. Porque eso sí, a pesar de los riesgos expuestos no es una opción desistir de la búsqueda de las personas que aún están bajo tierra.

En la misma posición de Oña se encuentra Marco Verdezoto, capitán de infantería de la brigada de Fuerzas Especiales Patria No. 9, quien también se mantiene trabajando en la zona cero. A diferencia de los Cuerpos de Bomberos en el sitio, él y alrededor de veinte militares más aportan en las labores de búsqueda de los fallecidos de la parte baja del sector, en la quebrada del Tingo, zona riesgosa en la que por condiciones geográficas no llega maquinaria y asumen un trabajo manual.

“Nosotros hemos removido gran cantidad de escombros para buscar los cuerpos a punta de pico y pala, que es un poco más lento. Con la ayuda del personal de bomberos, con un escáner (térmico) que ellos tienen, hemos identificado un punto y estamos buscando (víctimas). El trabajo a mano es más complicado que con la maquinaria, pero tenemos que llegar a ese punto que nos indicaron”, asegura con firmeza el capitán. “Nosotros vamos a estar aquí hasta que la población de Alausí nos requiera”, añade.

El escenario técnico da muestras de que Alausí sigue siendo un peligro latente, una condición natural, impredecible e inestable que actualmente pone en riesgo a quienes siguen en la misión de recuperar a quienes la endeble montaña sepultó el 26 de marzo. El peligro existe, es casi tangible, pero la misión de los voluntarios de devolver a quienes arrebató el deslizamiento sigue siendo más fuerte que la amenaza inminente.  (I)

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