QUITO / JOSÉ ANTONIO TUMBACO

Las aproximadamente tres horas y media que nos tomó llegar a Mashpi Lodge, desde el hotel Dann Carlton en Quito, podrían resultar algo turbulentas para quienes no están acostumbrados a caminos sinuosos y, en algunos tramos, de segundo orden. Pero para quienes no, pues se trata de una experiencia para disfrutar con la ventana del vehículo abajo, sobre todo cuando dejamos la carretera Calacalí-La Independencia, para adentrarnos en la comunidad de Pacto y las subsiguientes parroquias rurales, antes de llegar a la propia reserva de Mashpi.

Adentrados en las montañas del conocido Chocó Andino, una privilegiada zona geográfica que divide las llanuras costeñas de Esmeraldas con las faldas de la región interandina, el panorama era encantador.

Era tiempo de irse quitando los abrigos, pues en el trayecto habíamos pasado de 2.850 metros de altura de la ciudad a tan solo 900 en aquel espeso bosque. Y aunque usted no lo crea, seguíamos estando dentro de la jurisdicción del Distrito Metropolitano de Quito.

En una poderosa van, por cuyos amortiguadores estaba más preocupado que el conductor, llegamos a la propiedad, la cual, así como el ingreso a Jurassic Park, debían abrirse de par en par. Hasta ahí, los árboles de más de 40 metros de altura apenas dejaban ver parte del cielo, y las ramas, todas envueltas en musgos en medio de una brumosa neblina, daban un aire misterioso. Ni siquiera habíamos llegado al hotel y ya sentíamos la satisfacción del viaje, gracias al sonido de las aves, las pequeñas cascadas en el trayecto y la pureza del aire que respirábamos.

Seguridad y confort

Al llegar al hotel -capacidad para 48 huéspedes-, el cálido recibimiento se conjuga con la rigurosidad de las normas de bioseguridad. Antes de entrar al hotel se pasa por un túnel de ozono no sin antes haberse tomado la temperatura.

Antes de viajar, enviamos nuestro carné de vacunación y anticipamos un formulario donde, entre otros detalles, informamos el nivel de actividad física que teníamos. ¿Para qué? Pues en Mashpi, la mayor parte de las actividades se realizan caminando tanto de día como de noche. Cada guía asignado ofrece una sugerencia de ruta y el huésped finalmente decide cuál tomar y con qué intensidad.

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Luego de acomodarnos en la habitación -sí, como aquella que posteó hace poco Jasmine Tookes- almorzamos. Con una amabilidad increíble, los meseros ofrecen el menú nacional e internacional en un ipad. Hay comida de todo tipo, pero lo que más destacan en Mashpi es que muchos de los alimentos son producidos en la zona; no necesariamente por ellos, sino por los habitantes de las comunidades cercanas, entre ellas San José de Mashpi.

 

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Minirruta de cascadas en Mashpi Lodge

Tras un breve descanso, emprendimos un recorrido por una de las 15 rutas de exploración con las que cuenta el hotel. Todas las caminatas se realizan con botas de caucho que nos proveen.

Conducidos por uno de los guías, ingresamos al bosque. Los senderos son estrechos y para evitar que los excursionistas resbalen, todos los caminos están hechos de jabas plásticas. Las lloviznas son frecuentes y el riesgo de derrapar es latente. Eso sí, no todas las rutas son aptas para todos los huéspedes.

Nuestro camino nos llevó a conocer uno de los emblemas de Mashpi: un árbol gigantesco llamado magnolia. Se trata de una especie descubierta en 2018, en las 2.500 hectáreas de bosque protegido y que se suma a las más de 8.00o especies de plantas vasculares endémicas de la región.

Una cascada de unos 20 metros de altura, una laguna de más de 2 metros de profundidad -como un jacuzzi natural- y una caminata por el río forman parte de esta experiencia. Una cosa sí les decimos: hay que tener cuidado donde asientan las manos, pues en las rocas, plantas o ramas podrían camuflarse arañas, tarántulas y culebras. Nuestro camino por tierra terminaba y era hora de conocer Mashpi desde lo alto.

Un teleférico llamado Libélula nos permitiría observar el bosque en todo su esplendor, pero aquella aventura y lo que encontramos en nuestra caminata nocturna se las contaremos en una siguiente entrega.

El punto culminante de cualquier viaje a Mashpi es un paseo a bordo de la libélula, un innovador sistema de cables que lo lleva debajo, a través y por encima del dosel del bosque. Foto: Masphi Lodge.

Referente de conservación e investigación

El departamento de investigación alberga varios proyectos que se llevan a cabo en la Reserva Mashpi. Foto: Masphi Lodge.

La misión de Mashpi Lodge es clara: consolidarse como un referente de turismo sostenible, conservación y fomento de investigación. Bajo una política de puertas abiertas (abrir reserva a todo tipo de estudios); valor compartido (empoderar al staff y a las comunidades aledañas a la reserva, mediante el conocimiento, para proteger el bosque), y valor agregado (enriquecer la experiencia del huésped gracias a los estudios), la reserva se convierte en un generador de conocimiento científico, que atrae a investigadores nacionales e internacionales.

Antes de levantarse el hotel, una empresa que explotaba especies de árboles se asentó en el sitio, pero las complicaciones geográficas de acceso y extracción del producto obligó a que abandonen la actividad. En ese momento (2001), Roque Sevilla, empresario turístico, ambientalista y ex alcalde de Quito, encontró la oportunidad de devolverle al sitio su estado natural, pero también la de ofrecerle al mundo una cercanía mucho más marcada con el ambiente.

En Mashpi habitan, entre otros, 56 especies de mamíferos; 418 especies de aves; 45, de anfibios; 67, de reptiles; 336, de insectos, y 23 de peces. (I)

 

 

 

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