Ecuador
Los órganos son un muro de defensa
Existen épocas del año en las cuales el desarrollo de enfermedades respiratorias se incrementa, ya sea por cambio de clima u otros. En estas temporadas quienes nos protegen de estas afecciones son las amígdalas y las adenoides. Ambos órganos están formados por tejidos linfáticos y forman parte del sistema de defensa del cuerpo contra las […]
Existen épocas del año en las cuales el desarrollo de enfermedades respiratorias se incrementa, ya sea por cambio de clima u otros. En estas temporadas quienes nos protegen de estas afecciones son las amígdalas y las adenoides.
Ambos órganos están formados por tejidos linfáticos y forman parte del sistema de defensa del cuerpo contra las infecciones. Pueden agrandarse tras infecciones repetidas.
Las amígdalas están localizadas en la parte posterior de la garganta y las adenoides o vegetaciones están colocadas en la cavidad posterior de la nariz.
Su función no siempre ha estado clara, hace tiempo se decía que no servían para nada, pero actualmente estudios han indicado que constituyen el anillo de Waldeyer, un órgano secundario o periférico del sistema inmunitario.
En esta zona se ha demostrado la formación de inmunoglobulinas Ig A, Ig M, Ig G, Ig E, Ig D en las distintas capas del epitelio (tejido que recubre la superficie) de estos órganos, así como la presencia de linfocitos y macrófagos (células anticuerpos).
Protege esta zona
Al ubicarse en el área respiratoria siempre está expuesto a infecciones por virus que entran al organismo por estas puertas de accesos (boca y nariz).
Para proteger a estos órganos, los estudios recomiendan evitar inflamaciones de la zona ya sea por gritar, toser sin necesidad o estornudar incorrectamente, acciones que lastiman el tejido interno.
Para quienes por diagnósticos médicos se han retirado las amígdalas, los médicos aconsejan evitar el exceso de polvo y mantener una alimentación saludable para disminuir los riegos de infección al fortalecer los demás elementos del sistema inmune.
Tejidos desaparecen
Durante la primera infancia son un recurso inmunitario importante para atrapar los gérmenes que entran por nariz y boca.
A partir de los 5 años, los tejidos de las adenoides van disminuyendo y para finales de la adolescencia, son apenas visibles. Ya en la edad adulta, habrán desaparecido por completo, cuando el sistema inmune desarrolla otros mecanismos defensivos. (I)
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