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Día del Padre: El amor entre dos seres que se aman es capaz de acortar largas distancias

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La distancia siempre ha sido nuestra peor enemiga. Hace más de 23 años el destino me separó por primera vez de mi papi Abraham Mantilla, sin embargo los lazos de amor y respeto siguen presentes a pesar de los kilómetros y del tiempo.

Cuando me pidieron que escriba sobre él, vinieron a mi mente recuerdos de la infancia: los juegos, mis travesuras, los paseos juntos, el consuelo luego de los regaños de mamá y las noches entre sus brazos para poder conciliar el sueño.

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Como en nuestras vidas no todo es perfecto, también reviví los regaños por las malas calificaciones y comportamientos no adecuados. En esos momentos, su dulzura se convertía en ira y mi felicidad en lágrimas y sentimiento de culpa. En muchas ocasiones no entendía sus razones. Ahora que soy mamá, las comprendo, pero intento no cometer los mismos errores y ser más cuidadosa al momento de corregir.

El tiempo no se detiene y llegó mi adolescencia. Una etapa en la que el papá se convirtió en el amigo y consejero; podía contarle todo lo que me pasaba y lo mejor, me entendía y me permitía tomar mis propias decisiones así no sean las más acertadas y eso lo valoro mucho.

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¡Cómo pasan los años papi! Llegué a la adultez y podemos hablar y discutir entre “grandes”. Tienes 56 y yo 30. Es el abuelo consentidor y el papá que no deja de extrañarme y que se resiente por todo, hasta porque no lo llamo seguido. Eso no quiere decir que no esté presente en mi vida y en la de mi hija.
Aunque no soy tan expresiva con las palabras, espero que estas letras lleguen a tu corazón. Te amo papá. (I)

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