Los manifestantes gritan a los oficiales de policía en una manifestación contra el racismo Nueva York. Foto: AFP

Los llamamientos a reformar la Policía se replican en todo Estados Unidos, pero la tarea es desalentadora. Con el poder judicial y sindicatos policiales apoyando a los agentes, las fuerzas del orden exuden una fuerte sensación de impunidad.

Desde el asesinato de George Floyd, un afroamericano de 46 años asfixiado por un policía blanco hace dos semanas en Minneapolis, se produjo un aluvión de iniciativas para hacer frente a la violencia policial, en especial contra la minoría afrodescendientes.

Miles de manifestantes exigen recortes en los presupuestos de las fuerzas del orden, los representantes del Congreso quieren "hacer responsables a la Policía" y el Ayuntamiento de Minneapolis quiere desmantelar la fuerza policial de la ciudad para limpiar la hecatombe.

El asesinato de Floyd está lejos de ser un caso aislado. La policía estadounidense mató a 1 098 personas en 2019, una cuarta parte eran personas afrodescendientes, según el sitio mappingpoliceviolence, siendo que los afroamericanos representan menos del 13 % de la población.

En ese alto porcentaje de muertes influye la propagación de armas de fuego entre la población, que aumenta la sensación de inseguridad en los agentes. Unos 135 oficiales murieron en el cumplimiento del deber el año pasado, según el fondo conmemorativo.

Por lo tanto, los agentes tienen derecho a disparar si hay "temores razonables de un peligro inminente" para sí mismos o para los demás. Incluso en casos de excesos flagrantes, los castigos son extremadamente raros.

En el plano administrativo, los agentes de policía suelen ser protegidos por convenios colectivos que "dificultan" su enjuiciamiento, según el proyecto activista checkthepolice.org, que ha examinado los acuerdos firmados por los sindicatos de policías con más de 80 grandes ciudades del país.

Uno de esos acuerdos, vigente en Minneapolis, ha permitido a Derek Chauvin, el oficial que mató Floyd continuara su carrera por casi 20 años a pesar de 18 denuncias de abusos en su legado, cuyos detalles siguen siendo secretos.

Hace dos semanas, tenía las manos en los bolsillos cuando asfixió a un hombre esposado, al que contuvo contra el piso con su rodilla durante casi nueve minutos. Acusado de asesinato, compareció ante un juez por primera vez el lunes, sin mostrar ninguna emoción. (I)

Fuente: AFP

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