Prisilla Jácome / Especial desde Buenos Aires

Una tienda de chocolates guarda la fachada de la clandestinidad. La señorita del mostrador, que viste una camisa a juego con el supuesto establecimiento que atiende, pregunta con amabilidad el tipo de dulce que el comensal desea adquirir. “Trufas de chocolate”, responde Denisse Nieto, su cliente, quien tan solo con mencionar dicho juego de palabras, ha logrado el acceso a su verdadero destino de la noche.

Con las precauciones respectivas, y tras la certeza de que nadie externo a la situación reconozca cualquier movimiento próximo a realizarse, la dependiente dirige a Nieto y a sus acompañantes a lo que simula ser un refrigerador. Abre la puerta, pero no hay comida. En su lugar, la bienvenida a El Purgatorio Bar.

Así luce el ingreso a The Hole, donde uno de los sitios más atractivos del Buenos Aires nocturno. Foto: Prisilla Jácome

El desconcierto y la impresión propia de la situación es notoria en quienes experimentan por primera vez el protocolo enigmático del lugar, no así en los habituados clientes del sitio como la joven anfitriona. Ser socia del bar desde hace más de un año no solo le ha permitido vivir por repetidas ocasiones el ceremonial recibimiento, sino además garantizarse el ingreso a un establecimiento que no revela su ubicación en la Ciudad de Buenos Aires. La exclusividad es inherente a su concepto ‘speakeasy’, la de bar oculto y secreto.

Mientras toma asiento en la mesa reservada para su visita, la joven diseñadora de 30 años comenta que previo a la pandemia por Covid-19, en el Purgatorio no había espacio para un alma más. Hoy, la situación es distinta y notoria. El lugar, a las 20:00 de un viernes de finales de enero, luce nimio, deshabitado y despejado.

Repentinamente, aparece una tarotista que luce con gracia una túnica oscura. Con delicadeza sacra transporta un baúl de madera humeante que coloca sobre la mesa de los asistentes y saca del interior una baraja. Tras una nueva bienvenida, la mujer realiza una breve lectura a los comensales. La carta elegida por cada uno describiría su situación actual o venidera, pero además sería la recomendación del lugar para la primera bebida alcohólica que se sirvan durante la noche.

Cambios pandémicos

Una vez servidas las bebidas, Nieto rememora detalles que cambiaron con la pandemia. “El show de los cócteles era precioso. Ahora ya no lo puedes ver, pero antes te podías poner en la barra y observar cómo los preparaban. También podías celebrar cumpleaños, participar en los eventos temáticos que realizaban”, comenta. La forma de disfrutar no es lo único que se modificó, también existe todo un nuevo protocolo previo que se inicia con la reserva en la que se debe especificar la cantidad de personas, el día y la hora a elección en el sitio.

Dos horas es el límite establecido para la estadía en tiempos de pandemia. El tiempo concedido alcanza para tomarse un par de bebidas y disfrutar de una cena. No está permitido excederse de lo estipulado pues se mermaría el tiempo de la siguiente reservación. Por ello, la salida tiene que ser sobria y puntual, en este caso, a las 22:00.

Decoración: En el interior del bar, los visitantes pueden tomarse fotografías en las pequeñas celdas. Foto: Prisilla Jácome

En una ciudad tan vivaz es casi imposible cerrar el día antes de medianoche. Una vez fuera de alguna reserva previa, es común que los locales -y los turistas ávidos de aventura- conciban una siguiente parada. Una misión que no resulta del todo fácil en tiempos de extremos cuidados y distanciamiento, pero que no es imposible en una metrópoli en la que abundan los espacios para beberse una típica birra artesanal.

Temple Bar, con 15 establecimientos en toda la Ciudad de Buenos Aires y tres más distribuidos en las localidades de Córdoba y Salta, es una opción frecuente para quienes desean beber una cerveza con sello propio. La música es infaltable. Un buen DJ a puertas del bar o músicos tocando en vivo son parte importante de la experiencia nocturna que hoy se disfruta cada vez más al aire libre.

Si bien la situación no está aún en una curva de descenso, el miedo ha quedado relegado a las ganas de producir y a las de retomar la esencia de la cultura de la ciudad. Así lo cree Martín Hernández, creador de la cuenta declarada de interés cultural @buenosaires.ar, quien considera que salir y pasar tiempo afuera es parte del ADN del porteño.

“Es cultural ir a tomar algo, hay una gran cultura de compartir esa mesa con una amiga, un amigo, una pareja y una charla. Me parece que es parte de nuestra cultura el bar y por eso hay tantas alternativas y siempre la gente lo toma como un punto de referencia para un encuentro. Obviamente ahora se valoran mucho los espacios abiertos con protocolos y todo, pero siempre fue parte fundamental de nuestra sociedad y de nuestros encuentros”, explica.

¿Vamos a Alcatraz?

Sí. Se asienta en Armenia 1743, al noreste de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Y, así como en la versión de la isla de California, no ingresa cualquiera. Para garantizarse un pase en The Hole, la versión argentina y divertida del que fuera el pabellón más lúgubre destinado para los convictos sádicos, peligrosos e ingobernables, hoy es necesario pasar por un proceso que empieza en la digitalidad y termina con un protocolo sanitario presencial, frente a un robusto y reacio guardia de seguridad.

No siempre fue así. La pandemia por Covid-19 obligó a que el público organizara sus visitas a esta prisión nocturna, pero una vez que lo consigues, es posible asegurarse un puesto en uno de los bares temáticos más reconocidos en la ciudad. Todo invita al disfrute. Su ingreso, que simula ser un panel para realizar el registro del prontuariado, pasando por sus locaciones que reviven las desgastadas celdas de “La Roca”, hasta sus inmediaciones, en donde los carceleros son los encargados de atender a las mesas iluminadas tímidamente por velas.

La carta también está contaminada por la idea. Los alias de famosos reclusos son los nombres con los que bautizaron a las variedades de bebidas que ofrece el bar, por ello es posible tomarse un “Machine Gun” Kelly, un Ed Gain “The Butcher” o un “Baby Face” Nelson. Así una lista de cócteles que fueron diseñados exclusivamente para el bar que abrió sus puertas en junio de 2018 y que hoy se pueden apreciar desde un menú digital, al que se accede por códigos QR instalados en las mesas, como medida de prevención sanitaria.

La experiencia es lo que prima en The Hole y lo que hace que el público frecuente y prefiera a este y a los demás bares temáticos de Buenos Aires. Sus propuestas, peculiaridades y curiosidades llaman la atención de quienes buscan noches diferentes, como las que se viven también en Victoria Brown. Este bar, asentado en Costa Rica 4803, en la zona de Palermo Soho, se oculta deliberadamente detrás de una cafetería cuya pared falsa de ladrillo separa al noble establecimiento cafetero de una melancólica taberna victoriana. Una vez dentro, un shot de Vermouth Bianco te abre apetito alcohólico.

Cócteles frutales, maderables e incluso ahumados a base de gin, whisky, vodka y más pueden tomar la posta del menú de bebidas que te quieras servir. Si deseas algo de picar, tienes opciones como las Croquetas de osobuco de novillo, Empanaditas de matambre de ternera o Buñuelos de remolacha asada; o en caso de cena, cinco platillos son una gran opción gourmet para la noche. Esto, mientras disfrutas de un ambiente a poca luz, donde un enorme reloj de engranajes y números romanos en iluminación amarilla se roban la atención.

Así, una infinidad de bares y espacios para escoger, para vivir y para darse la oportunidad de disfrutar aún con barbijo, como dicen en la Ciudad de la Furia. (I)

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