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Duván Zapata, el milagro que el fútbol le arrebató a la guerra en Colombia

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Salvador / AFP

Los sonidos de la guerra en Colombia zumban en la memoria de Duván Zapata. El fútbol, disfrazado como un milagro para sobrevivir, apareció para arrebatárselo a las balas. Hoy sus gritos nacen desde la felicidad de un gol, y no por el llanto desgarrador de la tragedia.

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Con 28 años, Duván Zapata vive un idilio con el gol en la mejor etapa de su vida futbolística. Marcó 23 goles en su primera campaña con el Atalanta, quedando a tres de ser el ‘capocannoniere’ de la liga italiana, y superó por dos goles al astro Cristiano Ronaldo.

"Me están pasando cosas muy lindas en esta etapa de mi carrera y espero que también así sea con la selección" en la Copa América en Brasil, donde ya lleva dos goles marcados ante Argentina y Catar.

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Y es que la meteórica carrera de Zapata empezó en un caserío cercano a Padilla, un humilde pueblo del departamento de Cauca (sureste), blanco del conflicto armado entre el Estado y la desmovilizada guerrilla de las FARC por más de 50 años.

Allí nació Zapata, donde las muertes selectivas y el desplazamiento forzado eran el pan de cada día en un país que se desangraba. Era sobrevivir a la guerra sin un futuro o huir. Zapata optó por la segunda opción.

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Se instaló con su familia en Cali persiguiendo el sueño de ser futbolista, una de las opciones que le había dejado una vida con carencias, pero rica en humildad.

– Se abre la puerta –

Y sucedió el milagro.

El buen ojo de un tío lo puso en la órbita del América de Cali. Zapata, un negro corpulento de 1,89 m, tanto de niño como de adolescente se distinguió por su fuerza, velocidad y ese tranco largo con el que superaba a sus pares.

Condiciones le sobraban, sólo faltaba pulirlo para convertirlo en un verdadero futbolista. En 2006 pegó el salto a la reserva de los ‘Diablos Rojos’, y dos años después debutó en la primera división de la mano del técnico Diego Umaña con 17 años.

Fue tenido en cuenta para disputar el Mundial Sub-20 que organizó Colombia en 2011, y en ese combinado juvenil se conoció con James Rodríguez y Luis Muriel. Marcó un gol en tres partidos y tras la cita dejó el América con destino a Estudiantes de La Plata.

En dos temporadas y media con el ‘Pincharrata’ marcó 19 goles en 44 partidos de liga. Sus gritos de gol llegaron a oídos del Nápoles, que se lo llevó para la temporada 2013-2014 por 10 millones de dólares.

– Cotizado en Europa –

Lo que siguió después para Zapata fue la historia perfecta de aquel que sale a comerse el mundo con trabajo y talento.

En dos campañas con los napolitanos marcó 15 goles en 53 partidos de Serie A, copas nacionales y torneos internacionales. Hizo por momentos dupla con la estrella en ese entonces del Nápoles, Gonzalo Higuaín, y en otras ocasiones fue el sustituto del argentino.

Nápoles lo cedió al Udinese para la temporada 2015-1016 y en dos campañas marcó 19 goles en 65 partidos de Serie A y copa italiana.

Dejó Udine y se fue a Génova para enrolarse en la Sampdoria en la campaña 2017-2018. Once goles en 31 partidos.
Hasta que llegó cedido al Atalanta, su actual club en su primera temporada. Veintitrés goles en 37 partidos de la Serie A, tres menos que el máximo goleador Fabio Quagliarella (Sampdoria).

Pero lo mejor fue que sus goles y el tercer puesto del equipo en la liga le permitieron ganarse el pase a la próxima Liga de Campeones.

La Copa América es una revancha para Zapata. No fue tenido en cuenta por José Pekerman para disputar el Mundial de Rusia-2018, pero Carlos Queiroz le echó el ojo y lo ve como la nueva alternativa en ataque para suplir a Falcao.
El Nápoles, dueño de su ficha, se frota las manos con su presente.

Regresar al San Paolo, continuar en el Atalanta o cambiar de aires es ahora el dilema de Zapata, ese milagro que el fútbol le arrebató a la guerra en Colombia. (D)

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