La pandemia pegó con fuerza en la actividad económica a nivel mundial, ningún comercio estuvo exento de sufrir las consecuencias de pasar meses con las puertas cerradas. En Ecuador la situación no fue diferente y emprendimientos de tradición también se vieron afectados. Ese es el caso de William Chicaiza, propietario “La Casa del Danzante”, ubicada en el barrio El Calvario de Salcedo en Cotopaxi, reseña Cotopaxi Noticias.

Durante los meses de pandemia los más de 100 trajes elaborados a mano tuvieron que ser guardados para evitar que el polvo los dañara y es que William y su familia cuidan con recelo cada pieza que les toma hasta tres meses confeccionar. Su esposa y su hermana, Guadalupe Chicaiza, también forman parte del negocio, "yo trabajo con mi hermana y mi esposa, ellas se encargan también de tejer, bordar y coser”, comentó William en declaraciones reseñadas por el portal de Cotopaxi.

Guadalupe contó cómo en medio del confinamiento tuvieron que reinventarse y comenzar a trabajar en otro tipo de confecciones para sacarle provecho a la habilidad que tienen en las manos. “Este oficio nos ha dejado alegrías y tristezas pero nos mantenemos en pie, a raíz de la pandemia emprendimos con la confección de ropa deportiva ya que la venta y alquiler de la ropa que acá tenemos se paralizó. Hoy estamos con mucha expectativa pues empieza a haber un poco de movimiento, no como antes pero tenemos mucha fe”, afirmó.

Ella y su hermano se dedican a este negocio desde que son adolescentes. William asegura que su pasión por la elaboración de los trajes comenzó desde que era muy pequeño y veía cómo ascendían los danzantes de Pujilí hasta la plaza central de su barrio. Desde entonces sus manos se dedican a esta labor. Entre sus elaboraciones siempre resalta el del "Sacerdote de la lluvia", propio de las fiestas populares.  Por ahora, hicieron a  un lado los disfraces pero mantienen la esperanza de que sus trajes retomen el protagonismo de las fiestas cuando pase la pandemia. (I)

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