Ecuador
Feriado de carnaval: Riobamba atrae con turismo puruhá y el punto más cercano al Sol, el Chimborazo
En la visita a esta ciudad de la serranía ecuatoriana es infaltable subir al nevado o visitar sus comunidades indígenas, organizadas para el turismo comunitario.
Riobamba debió ser la capital del Ecuador, así lo dice la historia debido a los importantes hechos políticos que ocurrieron en esta ciudad, sin embargo, aunque no lo sea, el título de ser una de las ciudades más armónicas no se lo va a quitar nadie y este recorrido por sus principales sitios turísticos lo demuestran.
A unas tres horas de Quito y menos de cinco desde Guayaquil, la Sultana de los Andes cautiva, para empezar con el punto más cercano al Sol, el Chimborazo. Desde allí, este diario tuvo la oportunidad de conocer más de cerca esta ciudad, que entre el frío y la calidez de su gente se roban el corazón de cualquiera.
De la urbe a la naturaleza o visceversa
Aunque el orden del recorrido no altera el resultado, que siempre será de encanto, qué mejor que comenzar por la naturaleza. Luego de un pequeño trayecto de no más de 45 minutos desde la urbe se llega al cañón la Chorrera, en las faldas del nevado.

El cañón Chorrera es destino para deportes de aventura como escalada o recorrer sus largos senderos. Foto: Irina Jaramillo
Pero a esta zona pudimos acceder gracias al acompañamiento de don Olmedo Cayambe, gerente de la operadora Puruhá Razurku y guía de turismo comunitario, quien con su calidez y saber andino nos introdujo a este ambiente, en el que no manda el hombre, sino la espiritualidad de las montañas.
Un precipicio con paredes rocosas que terminan en un pequeño valle en forma de callejón, algo así es la Chorrera, lo que lo hace propicio para rutas de escalada con equipos de seguridad y hiking. Aquí es de vital importancia saludar y pedirle permiso a la montaña para atravesarlo. Y por supuesto, para subirlo, pues es el punto de partida para el ascenso.
Una de las formas de hacer este ritual es cantar una canción, así que con la batuta de don Olmedo nos dispusimos a corear el Curiquingue, dedicada al ave sagrada de estas tierras, si no te la sabes … :
"Karax, karax, curiquingue
alza la pata, curiquingue,
alza la otra, curiquingue,
date una vuelta, curiquingue"
La majestuosidad del volcán
Luego de aclimatarse en el cañón, paso importante para ascender a los más de 4.000 msnm del Chiborazo, según el guía, viene la primera parada del plato fuerte. Se trata del primer refugio Hermanos Carrel, al que se puede llegar en vehículo, donde el chocolate caliente y el te de coca devuelven el aliento y el calor si el mal de altura ataca.
El primer refugio se encuentra a 4.845 msnm.
Le sigue el segundo punto, de nombre Whymper, que está a 5.042 msnm.
Sin embargo, para coronar el volcán, hay que superar los 6.000 metros. Su altitud oficial es de 6.263 msnm.
En este lugar es posible pernoctar por el valor de $ 23, por persona. Aunque son muy pocos quienes lo hacen, por lo general son extranjeros quienes solicitan el servicio. Según la administración del lugar, los turistas que más llegan provienen de Estados Unidos, Canadá, Rusia y Alemania.
A escasos pasos de la casona, se encuentra una estructura en forma de pirámide, dedicada al libertador Simón Bolívar. Junto a ella, llama la atención un grupo de lápidas, los guías indican que estas se colocan en memoria de las personas que han perecido al subir la montaña, pero sin las debidas seguridades, por ello, se recuerda siempre tener precaución y seguir las recomendaciones turísticas para el sitio.
Por su parte, don Olmedo precisó que este y el segundo refugio, Whymper, están en manos de las doce comunidades que se asientan en la zona. Estas pertenecen a las tres provincias en las que se expande el coloso, además de Chimborazo está Bolívar y Tungurahua.
Aunque el tiempo y la densa neblina nos jugó en contra y no pudimos subir más, a una hora desde Carrel se puede llegar a una laguna congelada y desde allí el hielo está a pocos metros. Desde allí, los lugareños prometen que el paisaje y el contacto con la fauna local cautivan a pesar de la altura.
Alpacas, vicuñas, llamas, curiquingues, conejos, lobos de páramo, venados de cola blanca y cóndores, son algunos de los animales con los que te puedes cruzar si estás de suerte.
Del Chimborazo a La Moya
Quien dijo que para dejar las alturas hay que abandonar las nubes, estas continúan con el trato cálido y ceremonioso del centro turístico La Moya, donde su comunidad tiene preparada toda una experiencia para sus visitantes.
Esta propuesta le pertenece a los puruháes, quienes han adaptado sus hogares a manera de cómodos hospedajes que se pueden encontrar en la plataforma Airbnb o mediante las redes sociales del mismo centro: www.instagram.com/comuna_lamoya.ofical/
La hospitalidad viene de la mano de exquisitos platillos que preparan las mujeres de la zona. Por supuesto, como no puede faltar en la Sierra ecuatoriana, los granos y tubérculos son lo principal, para soportar el frío y mantener el vigor. Aquí la bienvenida es con locro y fritada, su buena porción de choclo-mote, papas, tostado y otras opciones, sin olvidar el muy apetecido cuy.
El centro es un pintoresco establecimiento que se ubica a un costado de una iglesia, allí funciona el restaurante y también ofrece habitaciones. Junto a este se encuentra también el Museo Urkukunapak Wasi y la tienda de artesanías. Este lugar es clave, pues mantiene también viva la memoria de los hieleros, personas que se dedicaban a subir el nevado para bajar grandes bloques de hielo con los que proveían a la ciudad, como el recordado Baltazar Ushca.
La visita es completa, pues en el museo interactivo se conoce un poco de la historia del pueblo Puruhá. Conocer sus leyendas, creencias crea un sentido de identidad y respeto que no cualquier turismo provoca. Te visten para un matrimonio y te casan con un extraño solo para que sepas de sus costumbres, comes "caca de perro" (maíz tostado con panela) y mueles maíz, de rodillas en el piso y con piedra, como se lo hace desde siempre.

El pueblo Puruhá, en La Moya, adaptaron sus viviendas como Airbnb para acoger a turistas. Foto: Irina Jaramillo
Como se trata de una comunidad con tradición textil, la tienda de artesanías recoge cómo se usaban los telares y la lana de borrego para convertirla en hermosas piezas de su vestimenta tradicional. Para los foráneos se puede adquirir delicadas prendas como guantes, blusas, bufandas, abrigos, entre otros.
Una vez que la experiencia está completa viene la despedida que deja más ganas de quedarse que de irse. Una fogata, canelazo y las cálidas sonrisas de su gente son lo último que ves antes de partir a la ciudad. A partir de aquí, los rincones de una Riobamba republicana y moderna te obligan a detener el tiempo, acompasar el paso y mirar de frente, pero esa historia viene en una próxima entrega.
(E)
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