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El Arrastre de Caudas, la solemne procesión de Semana Santa que pervive en Quito

Cada Miércoles Santo, la Catedral de Quito acoge el Arrastre de Caudas, una tradición religiosa única que se mantiene viva desde hace más de cinco siglos en la capital ecuatoriana.

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Como cada Miércoles Santo desde hace más de 500 años, la Catedral de Quito acogió la ceremonia del Arrastre de Caudas, un antiguo ritual románico-católico de Semana Santa que solo pervive en la capital ecuatoriana y que se distingue como una de las tradiciones religiosas más singulares del mundo.

La fúnebre procesión del clero de la capital de Ecuador es uno de los actos centrales de la Semana Santa de Quito, una de las más tradicionales y fervorosas de América Latina, donde este ritual llegó durante la época colonial, procedente de las costumbres católicas de España para conmemorar la muerte de Jesús.

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Dentro la iglesia primada de Ecuador, tanto fieles como visitantes se reunieron en esta liturgia hunde sus raíces en antiguas ceremonias romanas y que, con los años, fue incorporado por la Iglesia católica como una forma de exaltar la victoria de Jesús sobre la muerte.

Allí, los canónigos (integrantes del cabildo catedralicio), acompañados cada uno de dos jóvenes acólitos, avanzaron en procesión por los pasillos del templo con largas capas negras de hasta nueve metros de longitud sujetadas por una capucha, como símbolo de duelo por la muerte de Cristo.
Después se unió el Arzobispo de Quito, Alfredo Espinoza, quien portó, acompañado de varios clérigos, la reliquia sagrada de la ‘lignum crucis’, o "verdadera cruz", asociada a la cruz de la crucifixión.
Más tarde, y al lúgubre compás del órgano, batió una bandera negra con una cruz roja primero sobre el altar, luego sobre los canónigos arrodillados y tumbados, con la cara pegada al piso, y después sobre los fieles.
De acuerdo al Arzobispado de Quito, en época romana se batía un estandarte sobre el féretro de un general fallecido para captar su valentía, méritos y espíritu y luego ondearlo sobre la tropa y transmitirle esos mismos valores.
Para finalizar, el arzobispo golpeó el suelo con el asta de la bandera para que los canónigos se levantaran sin las capas, lo que simboliza el triunfo de Jesús sobre los pecados.

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Durante su breve intervención en el culto previo a la procesión, el Arzobispo aprovechó para recordar la muerte del sacerdote Maximiliano Estupiñán, hallado sin vida en su vivienda con signos de violencia el pasado 23 de marzo.
"¿Nos hemos acostumbrado demasiado a la violencia?, ¿hemos caído en la tentación de pensar que ya no hay solución? La cruz nos da una respuesta: el mal no tiene la última palabra", dijo ante los fieles.
El Arrastre de Caudas llegó a Quito desde España en el siglo XVI, y se ha celebrado de manera ininterrumpida a excepción de la pandemia de covid-19, mientras otras catedrales del mundo católico dejaron de escenificarla años o décadas atrás, como es el caso de Sevilla (España) y Lima.
El solene ritual marca uno de los días centrales de la Semana Santa de Quito, al que le seguirá la procesión del Jesús del Gran Poder, que se lleva a cabo en Viernes Santo.

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