Comunidad
Día del Maestro: Nelly Jaguaco Espín ha dedicado su vida entera a la enseñanza en Quito
En su trayectoria ha acompañado varios procesos pedagógicos que la han marcado personalmente.
QUITO/Verónica Mantilla
En la Unidad Educativa Municipal Sucre, la voz de Nelly Jaguaco Espín refleja una vida entera dedicada a la enseñanza. Su historia es un testimonio de vocación, servicio y compromiso con la formación de nuevas generaciones.
Su vínculo con la docencia nació en la infancia. A los 5 años ya se imaginaba como maestra, con un pequeño pizarrón improvisado y como alumnos a sus hermanos y primos. Su padre, aunque no era docente, se convirtió en su principal apoyo y en una figura clave en la construcción de ese sueño. “Me enseñó que para ser maestra había que tener paciencia”, recuerda Nelly. Con el paso del tiempo, esa práctica infantil se transformó en un camino profesional. Ingresó al Normal Superior Manuela Cañizares, donde se formó como docente, y desde muy joven comenzó a involucrarse en experiencias educativas comunitarias. Su primera incursión estuvo ligada al trabajo junto con las religiosas de Las Marianitas, donde incluso antes de obtener su título, participó en proyectos dirigidos a niños en situación de vulnerabilidad. En ese contexto ayudó a impulsar una escuela vespertina para menores en situación de calle, una etapa que marcó su carrera.
Posteriormente, en la Unidad Educativa Sagrados Corazones desarrolló una de las vivencias más significativas de su trayectoria. Allí trabajó cerca de 16 años y llegó a desempeñarse como directora de la escuela, consolidando una visión educativa centrada en la inclusión y la formación humana. Una de las experiencias que más la marcó fue el acompañamiento a una estudiante no vidente, proceso que transformó su manera de entender la enseñanza. “Aprendí a valorar más la vida y los sentidos. A ser más empática”, menciona la maestra.
Posteriormente amplió su labor como capacitadora educativa de una editorial. En este periodo trabajó en la implementación de planes lectores, planificación pedagógica y actualización curricular, recorriendo distintas provincias.
Esta labor le permitió consolidar una visión más amplia de la educación, articulando la formación en el aula con procesos de formación a docentes a escala nacional.
Más adelante asumió las funciones de vicerrectora en la Unidad Educativa Frau Klier, etapa en la que enfrentó desafíos institucionales, sobre todo en pandemia, cuando lideró procesos de educación a distancia y adaptación curricular.
En la actualidad ejerce la docencia en la Unidad Educativa Municipal Sucre, espacio en el que mantiene una visión centrada en la formación integral de los estudiantes. Desde el aula, reafirma que educar no es solo transmitir conocimientos, sino formar seres humanos capaces de actuar con empatía.
Hoy, tras 36 años de servicio, su vocación se mantiene firme, guiada por la fe, el servicio y la convicción de que educar también es dejar una huella. (I)
Expansión de su labor