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Día del Maestro: Miss Clarita es el ejemplo de vocación sin límites en Guayaquil

En una escuela de Guayaquil hay una docente con más de 15 años en el sistema educativo que convirtió su historia en impulso para enseñar.

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GUAYAQUIL/Patricia Zambrano

Para muchas personas la docencia surge como una elección profesional. Para Clara Celi, “miss Clarita”, como la llaman los alumnos, se trató de una vocación que nació temprano y que no encontró barreras. Ni siquiera  una condición física le implicó retos.

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Nació con osteogénesis imperfecta grado 3, un trastorno genético que provoca fragilidad en los huesos y aumenta el riesgo de fracturas. Lejos de detener su camino, esa realidad marcó una ruta de esfuerzo y aprendizaje.

Desde la adolescencia encontró en la educación un propósito claro que orientó sus decisiones. “Yo empecé desde muy joven a enseñar. Al terminar el colegio comencé con mi hermano, ya que mis padres trabajaban y me tocaba ayudarle con los deberes. Luego, como él tenía buenas notas, la mamá de un compañerito me contactó para que enseñara a su hijo. En un mes corrió la voz y tuve más de diez niños aquí en la casa”, recordó.

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Ese inicio marcó una decisión firme en su vida profesional. Ingresó a la Universidad de Guayaquil para estudiar Ciencias de la Educación con especialización en primaria. Mientras cursaba los últimos semestres, recibió una propuesta que definiría su trayectoria: la incorporación al Ministerio de Educación, Deporte y Cultura.

Labor educativa

“Cuando fui me tocó dar clases a niños con necesidades educativas especiales. Tuve que prepararme más para conocer sus condiciones y enseñarles mejor. Este es el ejemplo de que cuando uno quiere algo debe formarse, porque podría haber dicho que no estaba lista, pero hice lo contrario”, expresó. Esa experiencia le permitió fortalecer su preparación y asumir nuevos desafíos en el ámbito formativo.

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Durante más de quince años ha trabajado en el sistema educativo fiscal. Su recorrido empezó al asumir nuevos desafíos en el aula y continuó en distintos planteles, donde acumuló experiencia.

En cada etapa combinó estudio, trabajo y capacitación constante, en un proceso exigente, pero necesario para su crecimiento. Actualmente labora en la institución educativa Benjamín Rosales, en el norte de la urbe, en la que mantiene una cercanía con los alumnos.

Para ella, la enseñanza no se limita a transmitir contenidos, sino a construir vínculos que influyen en la formación integral. “Ellos me enseñan mucho y yo a los pequeños. Nos complementamos”, afirmó.

La preparación ha sido una constante en su trayectoria profesional. En 2020 decidió cursar una maestría en psicopedagogía, con el objetivo de fortalecer sus herramientas de enseñanza y responder mejor a los requerimientos.

En el aula, su historia no se presenta como una lección directa para los alumnos. Sin embargo, se convierte en una referencia que demuestra que los límites pueden transformarse en impulso a través del esfuerzo y la constancia.

(I)

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