Comunidad
Cecilia Tandayamo lleva el sabor de su infancia a una guagua de pan artesanal
La emprendedora quiteña ganó el primer lugar en un concurso organizado por la Prefectura de Pichincha.
Quito / Jéssica Cruz
El sabor de la infancia, el esfuerzo de una emprendedora y las ganas de no dejarse vencer se juntaron en una exquisita y poco común guagua de pan. Cecilia Tandayamo conquistó el primer lugar en el concurso de la guagua de pan artesanal más rica, organizado por la Prefectura de Pichincha.
Su creación lleva mucho más que ingredientes: guarda una parte de su historia y de todo lo que ha tenido que superar para mantener vivo su negocio. Su propuesta se distingue desde el primer bocado. La masa de maíz morado, ingrediente que conecta con sus recuerdos familiares, está acompañada de un cremoso de mortiño con caramelo salado. La cobertura de ganache de chocolate al 70 %, con un toque de ron, completa una combinación que mezcla sabores intensos, pero equilibrados y una elaboración completamente artesanal. Pero llegar a esa receta no fue cuestión de suerte. Cecilia apostó por la prueba y el error hasta encontrar el equilibrio perfecto que buscaba.
Su mejor amiga probó una de las versiones y le dio el visto bueno. Ese respaldo le confirmó que iba por buen camino y que su idea podía convertirse en algo especial. El maíz morado no llegó a su cocina por casualidad. Su origen está en los recuerdos que conserva de su padre, quien preparaba panes con este grano para que ella y sus hermanos tuvieran algo que comer en su desayuno.
Ella todavía recuerda aquellos días en los que se acercaba a la olla y buscaba el pancito duro. Una escena sencilla, pero cargada de significado, que hoy cobra otra dimensión: aquel alimento de su niñez se transformó en la base de una preparación con la que logró destacar en el concurso.
Antes de recibir el reconocimiento, Cecilia tuvo que enfrentar una de las etapas más duras de su vida.
Apostó por su negocio, invirtió sus recursos y consiguió una clientela que visitaba el local con frecuencia. Sin embargo, un asalto ocurrido hace más de un año cambió el rumbo de todo.
La pérdida no fue únicamente económica: también se debilitó la confianza de la clientela y el negocio quedó frente a un panorama complicado.
Pese a ese panorama, Cecilia no permitió que aquella etapa definiera el final de su historia. El reconocimiento en el concurso de la Prefectura representa un impulso para su propuesta artesanal y una vitrina para que más personas conozcan su trabajo.
Su guagua de pan reúne técnica, creatividad y memoria. El maíz morado recuerda los panes de su padre; el mortiño aporta su sabor característico de la tradición de la colada morada, el caramelo salado equilibra la mezcla y el chocolate oscuro, con un toque de ron, le da el acabado final.
Su historia no borra lo ocurrido ni convierte las dificultades en algo sencillo de superar. Habla de una lucha real, de las consecuencias que la inseguridad deja sobre los negocios pequeños.
A quienes atraviesan momentos difíciles, Cecilia les deja un mensaje que resume su camino: “Nunca se rindan”.
(I)
Sabor de infancia
No se dio por vencida